Cada jornada comienza muchas horas antes de que lleguen los primeros esquiadores. 13 maquinistas trabajan durante la madrugada y recorren entre 80 y 100 kilómetros por máquina en una tarea que combina experiencia, tecnología y conocimiento de la montaña.
Mientras Bariloche duerme, en Cerro Catedral comienza una nueva jornada de trabajo.
Cuando termina el día de esquí y las pistas quedan vacías, entra en escena un equipo que pocas veces ve el visitante, pero cuya tarea es fundamental para preparar la montaña para el día siguiente: el equipo de pisado.
Durante la madrugada, 13 maquinistas trabajan en distintos sectores de Catedral. Cada uno recorre entre 80 y 100 kilómetros, lo que representa más de 1.000 kilómetros acumulados en una sola noche.
Pero detrás de ese número hay mucho más que kilómetros recorridos.
Una tarea que requiere conocer la nieve
El trabajo comienza observando cómo quedó la montaña después de la jornada. La cantidad y distribución de la nieve, el tránsito que tuvieron las pistas y las condiciones previstas para las próximas horas son parte de las variables que se tienen en cuenta antes de definir cómo trabajar cada sector.
Temperatura, humedad, viento, orientación y calidad de la nieve también forman parte de las decisiones que se toman durante la noche.
“Cada montaña tiene su identidad y hay que aprender a leerla y respetarla”, explica Philou Gilliot, responsable de pisado de pistas de Cerro Catedral, con más de 30 años de experiencia profesional en nieve y participación en Juegos Olímpicos, Copas del Mundo y otros eventos internacionales.
Cada pasada tiene un objetivo. Puede ser redistribuir nieve, recuperar un sector, trabajar una pendiente o preparar una conexión. Por eso, el recorrido de las máquinas no responde a una rutina idéntica todas las noches.
“Cuando hablamos de más de 1.000 kilómetros recorridos cada noche, no se trata simplemente de hacer kilómetros. Cada pasada tiene una función.”
13 maquinistas, más de 1.000 kilómetros y muchas decisiones
El pisado de pistas combina tecnología y experiencia. Las máquinas permiten realizar un trabajo preciso sobre grandes superficies, pero es el conocimiento del operador el que permite interpretar qué necesita cada sector de la montaña.
“Podés tener la mejor máquina del mundo, pero si no sabés interpretar la nieve y la montaña, no necesariamente vas a conseguir un buen resultado”, señala Gilliot.
Las condiciones pueden cambiar de una noche a otra e incluso dentro de una misma jornada. Por eso, conocer el comportamiento de la nieve y del terreno es una parte central del oficio.
“La nieve y el terreno te dan información constantemente”, explica.
Y hay algo más: no siempre intervenir más significa obtener un mejor resultado. También es necesario reconocer cuándo trabajar y cuándo dejar que la nieve evolucione naturalmente.
Un oficio que se construye con experiencia
Trabajar de noche en la montaña implica enfrentarse a condiciones muy diferentes a las que encuentra el visitante durante el día: oscuridad, frío, viento y cambios permanentes en la nieve.
En ese contexto, la experiencia permite tomar decisiones y anticiparse a lo que puede suceder durante las horas siguientes.
“Una montaña no se domina. Una montaña se observa, se entiende y se respeta”, resume Gilliot.
Ese conocimiento se construye con años de trabajo y con una relación cotidiana con el terreno. También se transmite entre quienes forman parte de los equipos que trabajan en la montaña temporada tras temporada.
Catedral, parte de la historia de Bariloche
El trabajo de pisado también forma parte de una historia más amplia: la relación que existe entre Cerro Catedral y la comunidad de Bariloche.
Después de más de tres décadas trabajando en diferentes montañas del mundo, Gilliot destaca esa particularidad de Catedral.
“Catedral no es solamente una estación de esquí. Es parte de la identidad de Bariloche. Hay generaciones de personas que crecieron acá, familias que viven de la montaña y gente que lleva muchísimos años trabajando en el cerro”.
Para muchos barilochenses, Catedral es mucho más que un lugar para esquiar. Es donde aprendieron, donde trabajaron, donde llevaron a sus hijos o donde construyeron recuerdos que atraviesan generaciones.
Los oficios de montaña también son parte de esa identidad. Personas que conocen cada sector, que acumulan experiencia y que ponen ese conocimiento al servicio de una montaña que forma parte de la vida cotidiana de la ciudad.
Cuando el trabajo desaparece detrás de la experiencia
Durante la madrugada, los maquinistas trabajan para que, algunas horas después, ese esfuerzo prácticamente no se vea.
Cuando amanece llegan los primeros esquiadores, las pistas vuelven a llenarse y comienza una nueva jornada.
“Cuando un esquiador sube por la mañana y encuentra una pista preparada, probablemente nunca va a saber quién estuvo trabajando durante la noche ni cuántas horas hicieron falta. Y está bien que sea así. Nuestro trabajo es que todo ese esfuerzo se convierta en algo natural para quien disfruta la montaña”, cuenta Gilliot.
Ese es uno de los aspectos más particulares de este oficio: cuando el trabajo está bien hecho, se integra naturalmente a la experiencia de quienes llegan a disfrutar de la montaña.
Al final de cada noche, los números permiten dimensionar el operativo: 13 maquinistas, entre 80 y 100 kilómetros por máquina y más de 1.000 kilómetros recorridos en una sola noche.
Pero detrás de esos números hay también años de experiencia, conocimiento de la nieve, trabajo en equipo y una relación cotidiana con una montaña que forma parte de la identidad de Bariloche.
Cuando la ciudad despierta y los primeros esquiadores llegan a las pistas, una parte importante de la jornada ya empezó hace muchas horas.
La montaña sigue su ritmo. Y mientras Bariloche duerme, hay un equipo que trabaja para acompañarlo.